Pimentel Cruz Juan Pablo "Avdal" Segunda aventura.

 

Los tiempos que nosotros llamamos modernos son únicamente nuestros tiempos, lo poco que nos tocó vivir de esa dimensión llamada tiempo del cual no somos capaces de recorrer, solo somos capaces de dejarnos llevar por el segundero del reloj. así como lo era antes Avdal podía recorrer la dimensión del tiempo a su gusto, aunque él prefería dejarse llevar por el tiempo que ya conocía, el de los humanos.

Avdal estaba en nuestros tiempos, o algo así podríamos decir, recorriendo los sueños y las alucinaciones de los artistas que estaban preparados para recibirlo. Un día avdal sintió la llamada de un peculiar escritor. Stephen sabía que podía y que debía escribir un libro con la intención de dar miedo a las personas de una manera diferente, una manera poco conocida en su país de origen de Stephen, sin embargo, Stephen no encontraba la inspiración divina que les da a todos los escritores justo cuando inician a relatar escritos diferentes.

Avdal pasó mucho tiempo en los pensamientos de Stephen, observando la persona que era, las intenciones que él tenía recorrían ideas completas que se hacían y se deshacían en un segundo, nombres de personajes, situaciones, contextos, idiomas, creencias, todo, Stephen pensaba en todo pero no podía elegir de manera tajante, las opciones no parecían malas pero tampoco pertenecían a los deseos de Stephen, esos deseos inexpresables hasta esa noche.

Avdal recordó que hace algunos años, el visitó Grecia para encontrarse con un artista de las risas, un hombre que también conocía de manipulación, muy creyente y un poco maligno, sobre todo, tenía pensamientos realizando crímenes por las calles de su ciudad, pero nunca los llevó a cabo, todo quedaba en su cabeza.

Avdal tomó una de sus plumas y la dejo integrarse a la mente de Stephen, después de eso solo se quedó esperando a que Stephen despertara, cuando este lo hizo saltó de la cama y tomó su libro de notas, escribió: bufón, crimen, muerte, niños…

No es un secreto lo que ocurrió después y a pesar de eso, Avdal no hizo nada especial, Stephen solo era un escritor más, un artista que quería que sus lectores experimentaran el miedo verdadero.





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