El hundimiento del Belial - Ramírez Garay Antonio.
Era el 14 de Abril de 1912.
El Belial, que se encontraba descansando en una ya conquistada Atlantis, planeaba su siguiente golpe contra la humanidad.
Tenía Claro que tenía que ser algo catastrófico, de proporciones bíblicas, por decir lo menos.
Se había informado del gran viaje que tomaría lugar a sólo unas cuántas leguas.
El golpe estaba a punto de ser efectuado.
Los tripulantes del Titanic no podrían haber estado más cómodos, gozando de los privilegios de tener sumas considerablemente más grandes de dinero en comparación a la de la población promedio. Esto lo sabía el Belial, pero también sabía que, en su gran mayoría, los pasajeros a bordo habían conseguido su fortuna gracias a la explotación laboral de sus empleados, necesitados de trabajo.
Sin más preámbulo, el Belial extendió su mano derecha produciendo un chispazo morado, del cuál brotó una especie de esfera que simulaba tener una pequeña galaxia dentro, debido a la cantidad de partículas dentro de esta.
La esfera se elevó, desde los 18 kilómetros de profundidad, en donde se encontraba la ciudad hundida, hasta dar con la base del barco, la atravesó, y cuando estuvo en la zona de la maquinaria, precisamente en medio del navío, se expandió precipitadamente, inundando toda la estancia de un color morado oscuro, acompañado de destellos violetas.
En un abrir y cerrar de ojos, un tercio del barco, la parte que estaba en el centro, desapareció.
Fue como si hubiera sido absorbida por un agujero negro, no hubo sonido, no hubo apenas ruido alguno.
Los dos extremos del barco se hundieron paulatinamente.
Los gritos de desesperación... Nadie los oía.
Los niños a bordo... No tuvieron tiempo de reaccionar.
Las personas que no habían sido devoradas por la implosion Nova... Esperaban el momento de su muerte inminente, desesperante y cancina como lo puede ser el morir ahogados.
Solamente sobrevivieron 5 personas.
Un niño, dos mujeres y dos hombres.
Los 5... Wufniks.
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