Primera aventura de Avdal -Pimentel Cruz Juan Pablo
Era el año de 1691 Avdal no había
descansado en muchos años, era una época en la que las personas no dejaban de acercarse
al mundo del arte y la cultura, Avdal sabía que en el mundo ocurría con
frecuencia, los humanos suelen tener etapas en las que algo dentro de ellos se
desbloquea, una sensación, tal vez un espíritu, tal vez es una energía o tal
vez es el fruto de la generación de sus padres que crecieron con poco o nulo interés
por el bello mundo del arte. Como quiera que sea, Avdal tenía suficientes años
para saber que eso era normal, que debía aparecer frente a las personas que
hayan decidido que ese sería el camino que escogerían, el camino del arte.
En el mes de
enero, Avdal apareció en una biblioteca grande y observó a una mujer
particular, no había muchas mujeres como ella, no por la belleza ni por el
color de piel o por su estatura, sino por su increíble corazón, un corazón que
la hacía querer saber más y más cada día, pero no para aparentar o para
sentirse superior a los demás, era un corazón hambriento de conocimientos de
todo tipo, desde conocimientos del humano hasta conocimientos del alma. La
mujer era especial y Avdal lo sabía, la visitaba mientras ella soñaba y se
percataba de que todos sus sueños los habían tenido grandes artistas en el
pasado, también se dio cuenta de que sus pensamientos eran propios de una
persona que ya no estaba en el mismo plano que los humanos comunes.
Un día Avdal
decidió que era hora de dejar los sueños de Juana y la visitó mientras ella creía
que se quedaba dormida en su sesión de estudio. Avdal tomó la mano de Juana y la
sacó de su cuerpo, solo el alma de Juana caminaba junto con Avdal, Juana no sabía
qué era lo que sucedía, ella nunca había soñado caminar por su casa como si fuera
la realidad y mucho menos había soñado con una bestia como Avdal. Él no le
causaba terror, ni siquiera le causaba incomodidad, al contrario, ella se sentía
en calma mientras caminaban por toda su casa como si los pies estuvieran a un
palmo del piso, como si estuvieran flotando, pero sin flotar, todo estaba fijo
en su cuerpo, todo estaba en su lugar.
Avdal da visitas
sin hablarte, sin avisarte nada, ese día Juana tuvo una gran conversación con
ella misma, aunque iba de la mano con Avdal, ella entendió muchas cosas sobre
la vida, sobre el conocimiento, sobre ella misma. Llegó un momento en el que
Juana ya había dado una vuelta por toda su casa y sorprendida, encontró su
cuerpo sentado en su escritorio con los ojos entrecerrados, su respiración se
aceleró, su ritmo cardiaco igualmente y Juana abrió los ojos.
Poco tiempo después,
Juana tuvo una idea: crear el mejor poema que nunca haya creado, un poema en el
que pueda plasmar todo lo que desde ese misterioso día tiene en su cabeza.
Primero sueño


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