Amery & Dankworth - Granados Rodríguez Hefzi-bá Naomi

Eran las diez de la mañana y ya era audible el sonido de los carruajes por las calles; Lithia comenzaba a despertar y como cada mañana, se levantó y tomó un té mientras escuchaba los carruajes por las hermosas calles de Belgravia, deseando algún día poder ver lo que todos le describían.

Fue entonces cuando escuchó a uno estacionarse enfrente de su hogar, Edwina el ama de llaves recibía una invitación a un baile que era organizado por uno de sus nuevos vecinos; este sería al día siguiente a las seis de la tarde; fue entonces cuando llamó a la modista para ver que vestidos tenía a su disposición. Lithia poseía una gran fortuna, había recorrido gran parte del mundo sino es que cada rincón de este, gracias al poder de manipulación de memoria que poseía nadie sospechaba de la cantidad de siglos que ésta llevaba de vida. 

Belgravia era una de las zonas donde la burguesía vivía, ella había vivido por tantos siglos que había perdido la cuenta; desde aquella noche en la que Hera le dijo que recuperaría la vista e iría encontrando los poderes que le eran asignados, la vista era algo que aún no recuperaba. 

Vió como cada una de las épocas iban cambiando con el transcurso del tiempo, Lithia había descubierto el poder de absorber el conocimiento de los libros sin la necesidad de ver, sus sentidos eran más desarrollados que de los de las personas que conocía. Poseía conocimientos en el campo de las ciencias, el arte, la medicina, matemáticas y sobre todo literatura; había descubierto que era omnlingüista reconociendo a este como la capacidad de entender y hablar cualquier lenguaje como si fueran su lengua madre, alemán, francés, italiano, español, latín, holandes, inglés, griego. Ella era amada a donde fuese y siempre había sido considerada como una bella filantropa.

Al llegar al baile, entró al salón y entonces la Condesa Charlotte de Sallow la tomó del brazo y fue a presentarla con el nuevo vecino. Entonces, sintió su corazón detenerse por solo unos segundos, un escalofrio recorrió todo su cuerpo, sentía como si algo estuviera llenando su cabeza.

- ¿Se encuentra bien? - pregutó el hombre que estaba frente a ella.

- Si, lo estoy. Una disculpa me presento, soy Lithia Amery - dijo con una gran sonrisa.

- Mucho gusto soy el Duque Simon Dankworth - dijo besando la mano de Lithia - ¿me permitiría ser quien la acompañe en los bailes del resto de la noche? - Lithia solo asintió con la cabeza

Fue así como ambos se envolvieron al ritmo de la música, y ella descubrió cada uno de los encantos provenientes del Duque, su fascinación por la literatura y la inmensa biblioteca que poseía en Francia, él también era una ser inteligente, risueño, amable. 

Por otra parte, Lithia se sentía ansiosa por conocerlo más y más pero el baile había concluido así que él le propuso caminar un momento por el jardín.

- Quiero confesar que esta a sido una de las mejores noches de mi vida señorita Amery - dijo caminando a su lado sin parar de sonreír

- Opino lo mismo Duque Dankworth - dijo feliz por la noche tan increíble que había pasado.

- Quisiera invitarla a dar un paseo el día de mañana - dijo Simon

- Me encantaría - respondió Lithia inmediatamente

- Pasaré por usted mi lady - besó la mano de Lithia y caminaron hacía el carruaje de la misma. 

- Hasta entonces - Lithia subió a su carruaje y se dirigió a su casa.

Al llegar, se sentía muy feliz aunque desconcertada por la forma en que se había sentido al conocerlo; subió a su habitación, se sentó donde estaba su tocador, se quitó la venda de los ojos y comenzó a experimentar algo que nunca había sentido, sus ojos estaban ahí. Podía ver y se sentía demasiado extasiada por aquella noticia, por fin podría observar todo lo que le rodeaba.

Tenía sueño pero, no quería cerrar los ojos y que todo eso resultase solo un sueño. Miró por la ventana y admiró cada uno de los detalles que ella había imaginado durante tanto tiempo. Hasta que ya no pudo más y se recostó cayendo en un profundo sueño. al día siguiente, escuchó que alguien llamó a su puerta, al abrirlos ella confirmó que no había sido un sueño, al fin podía ver. 

Corrió a la puerta y la abrió de golpe exclamando:

- ¡Puedo ver! - dijo agitando las manos y saltando de felicidad.

- Señorita el desayuno está listo - dijo Edwina sin percatarse del todo de lo que decía Lithia. 

- ¡Puedo ver! - dijo casi gritando

- Eso es maravilloso - dijo demasiado alegre Edwina, mientras que Lithia la abrazó y comenzó a llorar por la gran noticia.

Lithia desayunó y se arregló para aquel maravilloso paseo que daría junto aquel hombre. Al poco tiempo este mismo llegó, lithia quedó impresionada al ver su rostro le parecía demasiado apuesto, este por otra parte, se sorprendió al verla sin esa característica venda de ella. 

- Me permite decir lo maravillosos que son sus ojos - mencionó el duque mientras caminaban 

- Me halaga mucho escuchar estas palabras de usted - dijo emocionada, aunque angustiada porque no sabía el porqué haber conocer aquel hombre le había traído la visión a su vida - todo esto es nuevo en mi vida jamás había visto lo maravilloso que es mi entorno, solo lo que había en libros es lo que existía en mi mente -

- ¿Cómo es que tenía esa ceguera? y lo más importante ¿cómo es que se curó? claro si no es inoportuna mi pregunta - dijo sin dejar de ver el rostro de Lithia.

- La verdad es que no lo sé, mientras estaba en su fiesta me sentí un tanto extraña - comentó recordando el escalofrío que recorrió su cuerpo - es mi milagro personal.

- Es extraño porque yo me sentí igual, cuando la conocí pude sentir una corriente recorriendo mi cuerpo, como si fuera lo que había estado durante siglos, me gustaría conocerla mucho más, ¿me concedería el placer de comer con usted esta tarde? - dijo mientras tomaba la mano de Lithia. 

- Claro, para mí sería un placer - 

Lithia se sentía entusiasmada por conocer a aquél ser tan peculiar, que maravillosamente había sentido algo parecido cuando se conocieron; Simon se sentía perturbado, su corazón había comenzado a latir como hace siglos había dejado de hacerlo. 

- ¿Será que mi inmortalidad se esfumó al conocerla? - dijo mientras veía por su balcón las bellas calles de Belgravia - ¿Será que he encontrado al ser divino que me haría perder hasta la cordura? Hera tenía razón al decir que, por más que huyese de mis sentimientos, algún día estaría ella, mi inmortalidad se iría y quizás con ella la oportunidad de permanecer el resto de mi vida junto a mi amada.




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